Ya sé que me acusaréis de ser corporativista, pero la octava gran idea de la historia está relacionada con mi ámbito de investigación profesional: el capitalismo liberal o economía de mercado (aquello que algunos llaman el capitalismo salvaje, no nos olvidemos nunca lo de Salvaje). Gracias al sistema económico capitalista el hombre ha dejado de ser pobre y ha alcanzado un nivel de bienestar que en el siglo XVII parecía inimaginable. Dejadme copiar tres párrafos de mi libro favorito de economía (Economía Liberal para No Economistas y no Liberales) que describe una parte de ese progreso:
“Fijémonos, por ejemplo en esas personas a las que llamamos clase media de un país europeo típico. No es necesario que se trate de uno de los países más ricos del mundo, sino de uno normal, de un país como el nuestro. La familia media o típica de hoy en día puede hacer cosas que, en el siglo XVIII, sólo hacían los reyes franceses (antes de que les cortaran la cabeza, claro está). En aquellos tiempos, sólo los príncipes, la realeza y la nobleza podían comer tres veces al día, viajar en carruajes, escuchar sinfonías, visitar el extranjero, lavarse con jabón y perfumarse, cocinar con especias, tener más de un vestido y una muda, disfrutar de las pinturas de los clásicos, leer libros o tener una dieta saludable y variada. La familia media de esos tiempos vivía en régimen de subsistencia, trabajando de sol a sol, haciendo a menudo una única comida al día, sin poder disfrutar del ocio ni de las vacaciones, sin acceso a la cultura o a la ciencia y con el miedo a morir, junto con la mitad de la población, si el clima no era favorable.
Hoy en día las cosas son completamente distintas. La familia media que, por cierto, es una familia trabajadora, come tres veces al día, viaja en coche o en moto, dispone de un equipo de música, visita el extranjero durante sus vacaciones, tiene más de una veintena de especias en la despensa y el armario lleno de ropa, perfumes, jabones, champús y cosméticos, puede visitar los museos donde se exponen las pinturas más importantes de la historia, tiene un centenar de libros en su casa y frecuenta los restaurantes italianos, japoneses, chinos, mexicanos, franceses y todo lo que se le pase por la cabeza. En otras palabras, la familia media puede hacer aquello que antes sólo hacían los reyes, los príncipes y los duques. Es más, se podría decir incluso que la familia media actual disfruta de unos niveles de bienestar superiores a los de los príncipes del siglo XVIII, ya que puede hacer y tener cosas que los reyes Luises ni tan siquiera hubiesen podido soñar: agua corriente en casa, lavabos que se llevan los restos con sólo tirar de la cadena, luz al apretar el interruptor, frigoríficos para guardar los alimentos, teléfonos para comunicarse al instante con cualquier punto del planeta, aspirinas para eliminar el dolor de cabeza, viajes en avión que permiten ir de un continente a otro en pocas horas, acceso a la ciencia, la cultura y las tecnologías de todas las sociedades del mundo, dientes sin caries, aparatos ópticos para ver mejor, la posibilidad de tener hijos sin que sea muy probable que se mueran al poco tiempo de nacer, televisores, ordenadores y juegos de vídeo, maquinillas de afeitar que no irritan la piel o incluso pastillas Viagra que perpetúan la alegría cuando la naturaleza ha dicho basta.
Un sistema económico que en cuestión de doscientos años ha conseguido que la familia media viva en unas condiciones que los reyes de antaño habrían calificado de lujosas y que ahora son de lo más normal es, sin lugar a dudas, un sistema prodigioso. Pues eso es, precisamente, lo que ha conseguido el sistema económico de libre mercado.”
Sí. Ya sé que los socialistas me dirán que las “clases trabajadoras” tienen bienestar gracias a los sindicatos. Eso es falso. En Malawi hay sindicatos y el progreso de los trabajadores ha sido nulo. El progreso lo consigue la economía capitalista y eso beneficia a trabajadores y no trabajadores.
Y sí. Ya sé que los críticos del sistema de economía liberal me dirán que todo este bienestar se ha conseguido gracias al progreso tecnológico y científico. Esos tienen razón… pero sólo en parte. La pregunta es: ¿y por qué el progreso científico y tecnológico se ha acelerado desde la introducción del sistema capitalista allá por 1760? La explicación es doble: primero, porque el sistema daba mayores incentivos al progreso tecnológico (el incentivo de ganarse una superior cuota de mercado) y segundo, porque el sistema genera tanta riqueza que permite dedicar muchos más recursos a la investigación y el desarrollo y a la innovación. Digo que los críticos tienen razón sólo en parte de porque ha habido sistemas que han generado progreso tecnológico pero no han sabido aumentar el nivel de vida de sus ciudadanos. Ejemplo: el sistema socialista de la Unión Soviética. Grandes científicos, matemáticos, físicos, médicos e ingenieros de todo tipo inventaron teoremas, cohetes espaciales, esteroides para los atletas y un sinfín de adelantos técnicos, pero el ciudadano medio de la Unión Soviética era pobre como una rata.
¿Cuál es el secreto del sistema capitalista? Pues yo lo resumiría en cuatro de las grandes ideas que ya aparecen en Adam Smith. La primera es la división del trabajo y el intercambio. La división del trabajo permite la especialización y la especialización genera milagrosos aumentos de productividad. Pensad en lo poco productivos que seríamos si cada uno de nosotros tuviéramos que fabricar nuestra propia comida, construir nuestra propia casa y nuestros propios electrodomésticos, garantizar nuestra propia salud a través de estudios en medicina y la defensa de nuestros propios derechos a través de estudios de derecho; pensad si tuviéramos que fabricar nuestros aviones, extraer nuestro propio petróleo o realizar nuestros propios programas de televisión. Lógicamente, sería imposible. O lo haríamos tan mal que seríamos sumamente pobres como éramos en la antigüedad. Para que la gente pueda especializarse, sin embargo, es importante que se puedan intercambiar los bienes producidos: tú sólo produces ropa y yo sólo produzco alimentos. Yo te compro ropa y tú me compras comida. Eso nos hace a los dos más productivos y, al final, tanto tú como yo tenemos más ropa y más alimentos de los que hubiéramos tenido si no nos hubiéramos especializado.
La segunda gran idea de Smith está relacionada con ese intercambio: “el intercambio voluntario de bienes beneficia a las dos partes”. Esta simple idea parece que no es bien entendida por la mayoría de analistas de tendencia socialista, que creen en el principio marxista de que el mercado es como juego de suma cero: para que yo gane, tú tienes que perder porque la economía es como si nos repartiéramos un pastel: cuanto más grande sea mi trozo más pequeño es el tuyo. Si el empresario gana en su relación con el trabajador es que el trabajador pierde. Si un país rico comercia con uno pobre y gana algo, es que el pobre pierde algo. Los ricos son ricos porque explotan a los pobres. ¡Falso! El mundo no es de suma cero. El mundo no es un pastel que tiene un tamaño dado. Si fuera así no habría crecimiento económico. En el mundo cada día hay más productos que se tienen que intercambiar (comercia). Cuando el comercio es voluntario, las dos partes salen ganando y la razón es bien simple: ninguna persona inteligente va a aceptar intercambiar algo a sabiendas de que le perjudica. Por lo tanto, si lo hace, es que le conviene.
La tercera idea de Adam Smith es la de la “la mano invisible”, una idea poco intuitiva en principio, pero que si la analizas bien, es una idea prodigiosa: en una economía de mercado, el hecho de que los individuos intentan egoístamente satisfacer sus propios intereses y sus propias necesidades acaba, paradójicamente, beneficiando al resto de la sociedad. Es como si hubiera una “mano invisible” que coordina los intereses individuales y los transforma en resultados socialmente positivos. Eso parece muy poco intuitivo, pero el propio Adam Smith lo explica con una frase genial: “It is not from the benevolence of the butcher, the brewer or the baker, that we expect our dinner, but from their regard to their own self interest. We address ourselves, not to their humanity but to their self-love, and never talk to them of our own necessities but of their advantages” (No es de la benevolencia del carnicero, el fabricante de cerveza o el panadero que nosotros debemos esperar tener la cena, sino de su propio interés). Es decir, Smith se pregunta: “ ¿por qué creen ustedes que la panadera se levanta a las 4 de la mañana y trabaja como una loca mientras todos dormimos y tiene el pan listo cuando nos levantemos? ¿Por solidaridad con los vecinos? ¿Por benevolencia? ¿Por qué se lo dicta el plan del gobierno? ¡No! ¡Porque quiere ganar dinero! ¡No hay nada más egoísta que sacarle el dinero a los vecinos a cambio de pan! Pero los vecinos lo aceptan a gusto porque así tienen pan recién salido del horno cada día cuando se levantan y ella está contenta porque la panadería le permite ganarse la vida. Es más, el egoísmo de la señora hace que (a) produzca todo el pan que se necesita y sólo el que se necesita (si produce menos del que puede vender, no gana tanto dinero y si produce demasiado, lo tiene que tirar a la basura) y (b) solamente se produzcan las cosas que interesan a los vecinos y que las “malas ideas” se acaben eliminando (si la señora tuviera la “brillante” idea de levantarse a las cuatro de la mañana para producir turrón -o algo que los vecinos no quieran comprar cada día cuando se levantan-, la señora no lo vendería, se arruinaría y sería expulsada del mercado. El mercado, pues, se encarga de producir lo que la gente quiere, en las cantidades que la gente quiere y sólo lo que la gente quiere. ¿Y qué hace la señora con el dinero que gana? Pues compra pollos al señor que se levanta cada día para criarlos. Y éste, a su vez, se gasta el dinero en la ropa que diseña, produce y vende la señora encargada de la moda. Y así, todos acaban produciendo algo que los demás desean y lo se lo venden a los vecinos. Todos y cada uno de ellos lo hace porque quiere ganarse la vida y no por su extrema generosidad. Un egoísmo que acaba asegurándose que en el pueblo existen todos los productos que los ciudadanos quieren comprar. Vemos que el egoísmo de cada uno de ellos, hace que al final todo el mundo sea feliz. Y todo ocurre sin necesidad de que nadie dé instrucciones a nadie. Ocurre, dice Adam Smith, como si una mano invisible guiara y coordinara las decisiones de todos para bien de toda la sociedad.
El cuarto principio señalado por Adam Smith es la competencia. Quien mantiene la disciplina de los productores y les obliga a vender lo que los consumidores quieren al precio más bajo es la posibilidad que tienen los consumidores de castigar a quien no lo hace bien a base de no comprar e ir a la empresa que lo haga mejor. Por lo tanto, para que el invento funcione es necesario que haya competencia.
Cuatro simples ideas que son la columna vertebral de la economía de mercado. Cuatro simples ideas que aparecen en el segundo de los tres mejores libros de toda la historia: “La Riqueza de las Naciones” de Adam Smith.
Xavier Sala i Martín.
Fuente: http://www.facebook.com/note.php?note_id=169148886344&ref=nf
lunes, 12 de octubre de 2009
miércoles, 7 de octubre de 2009
Un español opta al Premio Nobel de Economía 2009
Su nombre es Xavier Sala i Martín, profesor de Economía de la "Columbia University" en Nueva York, profesor visitante de la Pompeu Fabra y miembro de la Junta Directiva del Fútbol Club Barcelona. Licenciado en Ciencias económicas en 1985 en la Universidad Autónoma de Barcelona y doctorado en Harvard en 1990.
En 2002 lanza su famoso libro "Economía liberal para no economistas y no liberales", en el que explica, con hechos históricos como ejemplos, como la economía libre de mercado es lo mejor para que todos los países prosperen y para hacer disminuir el índice de pobreza en el mundo.
En 2003, junto con Robert Barro, saca el libro "Economic Growth" (Crecimiento económico), en el cual explican y analizan con claridad y sofisticada formalización matemática los desarrollos teóricos y estudios empíricos sobre el crecimiento económico de los últimos treinta años.
Además, es el padre intelectual, junto con Elsa Artadi, del Global Competitiveness Index usado desde 2004 por el World Economic Forum en su publicacion anual "Global Competitiviness Report" y que mide la competitividad de todos los pases del mundo.

Su nombre sale en las apuestas en la carrea hacia el título que se otorgará el lunes 12 de octubre de 2009. En el siguiente enlace podréis observar que está en 9ª posición, empatado con dos economistas más: http://www.ladbrokes.com/lbr_sports?action=go_generic_link&level=EVENT&key=213587809&category=SPECIALS&subtypes=&default_sort=&tab=undefined
Más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Xavier_Sala_i_Mart%C3%ADn
En 2002 lanza su famoso libro "Economía liberal para no economistas y no liberales", en el que explica, con hechos históricos como ejemplos, como la economía libre de mercado es lo mejor para que todos los países prosperen y para hacer disminuir el índice de pobreza en el mundo.
En 2003, junto con Robert Barro, saca el libro "Economic Growth" (Crecimiento económico), en el cual explican y analizan con claridad y sofisticada formalización matemática los desarrollos teóricos y estudios empíricos sobre el crecimiento económico de los últimos treinta años.
Además, es el padre intelectual, junto con Elsa Artadi, del Global Competitiveness Index usado desde 2004 por el World Economic Forum en su publicacion anual "Global Competitiviness Report" y que mide la competitividad de todos los pases del mundo.

Su nombre sale en las apuestas en la carrea hacia el título que se otorgará el lunes 12 de octubre de 2009. En el siguiente enlace podréis observar que está en 9ª posición, empatado con dos economistas más: http://www.ladbrokes.com/lbr_sports?action=go_generic_link&level=EVENT&key=213587809&category=SPECIALS&subtypes=&default_sort=&tab=undefined
Más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Xavier_Sala_i_Mart%C3%ADn
jueves, 17 de septiembre de 2009
Las 10 ideas más grandes de la Historia (4): Sexo y reproducción
Antes de dejar los descubrimientos prehistóricos (es decir, los realizados antes de la aparición de la escritura), dejadme que mencione un cuarto descubrimiento cuya importancia ha sido minusvalorada a lo largo de la historia: el mecanismo que lleva a la reproducción del hombre.
A partir del momento en que el hombre tomó consciencia de sí mismo, seguramente debió preguntarse: “cómo ocurre la reproducción”? Lógicamente, al principio debió imaginar que el embarazo y el parto formaban parte de la algún tipo de magia, azar o designio divino que hinchaba la barriga de las damas y de ahí mágicamente aparecía la descendencia de la especie. Durante esa época, la mujer debía jugar un papel preponderante en la familia. De hecho, existe evidencia de que las primeras deidades eran femeninas (las primeras estatuillas encontradas por los arqueólogos corresponden a mujeres, muchas de ellas con las barrigas hinchadas) o estaban relacionadas con la fertilidad.
Durante esos miles de años, el hombre y la mujer cazaban, dormían, se tocaban, jugaban, realizaban actos sexuales y realizaban todo tipo de actividades y no había nada que indicara que el embarazo tenía nada que ver con la penetración. Pero supongo que a base de analizar la evidencia “estadística”, poco a poco fue quedando demostrado empíricamente de que la clave de la reproducción era la penetración y que por lo tanto, el encargado de realizar la magia no era ella sino él (quizá llegaron a la conclusión a base de ver que mujeres que estaban largos periodos sin realizar el acto sexual no podían hacer la magia de la reproducción). En ese momento, la historia del hombre, y sobre todo de la mujer, cambió para siempre: los dioses pasaron a ser masculinos, se empezó a adorar la masculinidad del acto sexual, incluso los “templos” religiosos adoptaron formas “fálicas” (fijaros, si no, en la forma de los menhires) y la mujer pasó a jugar un papel secundario dentro de la sociedad.
Hasta el siglo XVII no se descubren el óvulo y el espermatozoide de manera que a lo largo de los siglos se han mantenido diferentes teorías de cómo tenía lugar en realidad la fertilización. Cada una de las teorías tenía implicaciones para la mujer y para la sociedad. Por ejemplo, durante mucho tiempo se creyó que la mujer emitía algún tipo de semen necesario para la reproducción y que eso solamente ocurría con el orgasmo femenino. A partir de entonces, las normas sociales permitían (aunque siempre con el miedo que eso ha provocado a los hombres) el placer de la mujer en el acto sexual. A partir del siglo XVII, cuando se descubre que la ovulación femenina no tiene nada que ver con el placer sexual, la moral puritana y los valores victorianos se impusieron en Inglaterra, Estados Unidos y algunos países Europeos. Esos valores victorianos eran mucho más represivos y mucho menos tolerantes en la práctica que los que había impuesto la moral católica (que era muy severa sobre el papel, pero mucho más permisiva en la práctica) del momento. Nota: desconozco cuál es la teoría de la reproducción que sostienen las sociedades africanas que practican la ablación clitórica o mutilación del clítoris con el objetivo de eliminar el placer sexual femenino.
El cuarto descubrimiento importante de la historia es, pues, el que relaciona el sexo con la reproducción. La importancia de ese descubrimiento no es de carácter biológico, ni teórico, ni teológico. Es social: ha tenido una descomunal importancia porque ha determinado el papel de la mujer en la familia y en la sociedad durante miles de años.
Fuente: http://www.facebook.com/note.php?note_id=152098671344&ref=nf
A partir del momento en que el hombre tomó consciencia de sí mismo, seguramente debió preguntarse: “cómo ocurre la reproducción”? Lógicamente, al principio debió imaginar que el embarazo y el parto formaban parte de la algún tipo de magia, azar o designio divino que hinchaba la barriga de las damas y de ahí mágicamente aparecía la descendencia de la especie. Durante esa época, la mujer debía jugar un papel preponderante en la familia. De hecho, existe evidencia de que las primeras deidades eran femeninas (las primeras estatuillas encontradas por los arqueólogos corresponden a mujeres, muchas de ellas con las barrigas hinchadas) o estaban relacionadas con la fertilidad.
Durante esos miles de años, el hombre y la mujer cazaban, dormían, se tocaban, jugaban, realizaban actos sexuales y realizaban todo tipo de actividades y no había nada que indicara que el embarazo tenía nada que ver con la penetración. Pero supongo que a base de analizar la evidencia “estadística”, poco a poco fue quedando demostrado empíricamente de que la clave de la reproducción era la penetración y que por lo tanto, el encargado de realizar la magia no era ella sino él (quizá llegaron a la conclusión a base de ver que mujeres que estaban largos periodos sin realizar el acto sexual no podían hacer la magia de la reproducción). En ese momento, la historia del hombre, y sobre todo de la mujer, cambió para siempre: los dioses pasaron a ser masculinos, se empezó a adorar la masculinidad del acto sexual, incluso los “templos” religiosos adoptaron formas “fálicas” (fijaros, si no, en la forma de los menhires) y la mujer pasó a jugar un papel secundario dentro de la sociedad.
Hasta el siglo XVII no se descubren el óvulo y el espermatozoide de manera que a lo largo de los siglos se han mantenido diferentes teorías de cómo tenía lugar en realidad la fertilización. Cada una de las teorías tenía implicaciones para la mujer y para la sociedad. Por ejemplo, durante mucho tiempo se creyó que la mujer emitía algún tipo de semen necesario para la reproducción y que eso solamente ocurría con el orgasmo femenino. A partir de entonces, las normas sociales permitían (aunque siempre con el miedo que eso ha provocado a los hombres) el placer de la mujer en el acto sexual. A partir del siglo XVII, cuando se descubre que la ovulación femenina no tiene nada que ver con el placer sexual, la moral puritana y los valores victorianos se impusieron en Inglaterra, Estados Unidos y algunos países Europeos. Esos valores victorianos eran mucho más represivos y mucho menos tolerantes en la práctica que los que había impuesto la moral católica (que era muy severa sobre el papel, pero mucho más permisiva en la práctica) del momento. Nota: desconozco cuál es la teoría de la reproducción que sostienen las sociedades africanas que practican la ablación clitórica o mutilación del clítoris con el objetivo de eliminar el placer sexual femenino.
El cuarto descubrimiento importante de la historia es, pues, el que relaciona el sexo con la reproducción. La importancia de ese descubrimiento no es de carácter biológico, ni teórico, ni teológico. Es social: ha tenido una descomunal importancia porque ha determinado el papel de la mujer en la familia y en la sociedad durante miles de años.
Fuente: http://www.facebook.com/note.php?note_id=152098671344&ref=nf
lunes, 14 de septiembre de 2009
Las 10 ideas más grandes de la Historia (3): La agricultura.
Para la mayor parte de historiadores y arqueólogos, la idea más grandiosa de la historia es una de las más prácticas y menos abstractas: la domesticación de plantas y animales. Durante la mayor parte de su existencia el hombre (o el humanoide si nos remontamos a Lucy, hace unos 3,5 millones de años) ha sido carroñero, cazador y recolector. Es decir, el hombre viajaba de un lugar para otro buscando comida y adaptándose al medio: si la comida aparecía en la sabana, iba hacia la sabana. Si aparecía en el bosque, iba hacia el bosque. Entre hace 14.000 y 6.500 años, sin embargo, el hombre empieza dejar de adaptarse al medio y pasa a controlarlo: nacen la agricultura y la ganadería. Ocurrió durante el calentamiento global que experimentó la tierra después de la última glaciación (a veces, cosas buenas salen de procesos de cambio climático, ;-) ). Se sabe perfectamente cuándo apareció la agricultura: entre hace 14.000 y 6.500 años. Se sabe también que empezó en Mesopotamia –actualmente entre Siria e Iraq- (aunque se sabe que la misma idea surgió de manera independiente en Centroamérica -en lo que hoy es Panamá- algunos años después-, en China y en Nueva Guinea). Sabemos que las primeras plantas que se domesticaron fueron el trigo y la cebada, seguido del guisante, la lenteja y el garbanzo. Por lo que se refiere a los animales, primero se domesticaron la cabra seguido de la oveja, el cerdo y el ganado vacuno. El proceso que va desde la recolección hasta la creación de aldeas permanentes con una economía agrícola duró aproximadamente 3.000 años.
Lo que no se sabe con exactitud es por qué se inventó la agricultura. Hay diferentes teorías económicas, ambientales y religiosas. La dificultad de encontrar una teoría o explicación aceptable se debe a una paradoja importante: en un principio, la eficiencia económica de la agricultura era inferior a la recolección y la caza. Es decir, los cazadores/recolectores tenían que trabajar unas tres horas al día para encontrar comida mientras que los agricultores trabajaban de sol a sol. Es más, los restos óseos de los primeros granjeros muestran señales de desnutrición. Si era menos eficiente desde el punto de vista económico, ¿por qué dejaron los primeros granjeros la caza y la recolección para pasar a la vida agrícola?
Pienso que la idea de la domesticación de plantas y animales es una de las más importantes de la historia por dos razones. La primera es que es la señal de que el hombre pasa de adaptarse al medio en el que vive a controlar el medio en el que vive. Este es un cambio fundamental en la relación entre el hombre y la tierra. A partir de entonces, el hombre se convierte en amo y señor del planeta y es capaz de conquistar casi todos los rincones del globo.
La segunda, porque la agricultura ha permitido aumentar el nivel de vida y de bienestar de miles de millones de ciudadanos. Si. La productividad agrícola empezó siendo inferior a la de la recolección y la caza, pero una infinidad de ideas e innovaciones (rotación de cultivos, barbecho, fertilizantes, pesticidas naturales o artificiales, diferentes técnicas de regadío, etc) han permitido aumentar la productividad hasta el punto que, en la actualidad, los países ricos dediquen menos del 1% de la población a la agricultura y a la consecución de alimentos para el resto de la población. La última gran revolución de la agricultura ha sido la llamada “revolución verde” de los años 1950s que buscó variedades de trigo de mayor productividad a través de costosos programas de investigación. Esa revolución fue la responsable de la reducción drástica en el número de hambrunas en Asia (especialmente India) y América Latina (especialmente México), aunque no ha acabado con las hambrunas en África porque allí no pueden ser aplicadas debido al clima y a la calidad del suelo (dicen los expertos que necesitamos una nueva revolución verde para eliminar definitivamente la pobreza extrema de África y la Bill and Melinda Gates Foundation están dedicando grandes cantidades de recursos económicos a ello; Curiosamente, la primera revolución verde también fue financiada por filántropos norteamericanos: las fundaciones Rockefeller y Ford).
La tercera razón por la que la agricultura es uno de los grandes inventos de la historia es que conlleva el sedentarismo y el sedentarismo trae consigo la creación de aldeas primero y ciudades más tarde. Soy de la opinión que el desarrollo económico de la humanidad se ha hecho en las ciudades: desde las ciudades griegas hasta Hong Kong (la causante del desarrollo económico de China, aunque este es un tema que discutiré otro día) pasando por las ciudades de la Europa renacentista. Creo que el desarrollo económico y la creación de riqueza alcanzados por el hombre en el siglo XXI no se pueden entender sin las ciudades y las ciudades no podrían haberse creado sin la domesticación de animales y plantas.
Fuente: http://www.facebook.com/note.php?note_id=149487396344&ref=mf
Lo que no se sabe con exactitud es por qué se inventó la agricultura. Hay diferentes teorías económicas, ambientales y religiosas. La dificultad de encontrar una teoría o explicación aceptable se debe a una paradoja importante: en un principio, la eficiencia económica de la agricultura era inferior a la recolección y la caza. Es decir, los cazadores/recolectores tenían que trabajar unas tres horas al día para encontrar comida mientras que los agricultores trabajaban de sol a sol. Es más, los restos óseos de los primeros granjeros muestran señales de desnutrición. Si era menos eficiente desde el punto de vista económico, ¿por qué dejaron los primeros granjeros la caza y la recolección para pasar a la vida agrícola?
Pienso que la idea de la domesticación de plantas y animales es una de las más importantes de la historia por dos razones. La primera es que es la señal de que el hombre pasa de adaptarse al medio en el que vive a controlar el medio en el que vive. Este es un cambio fundamental en la relación entre el hombre y la tierra. A partir de entonces, el hombre se convierte en amo y señor del planeta y es capaz de conquistar casi todos los rincones del globo.
La segunda, porque la agricultura ha permitido aumentar el nivel de vida y de bienestar de miles de millones de ciudadanos. Si. La productividad agrícola empezó siendo inferior a la de la recolección y la caza, pero una infinidad de ideas e innovaciones (rotación de cultivos, barbecho, fertilizantes, pesticidas naturales o artificiales, diferentes técnicas de regadío, etc) han permitido aumentar la productividad hasta el punto que, en la actualidad, los países ricos dediquen menos del 1% de la población a la agricultura y a la consecución de alimentos para el resto de la población. La última gran revolución de la agricultura ha sido la llamada “revolución verde” de los años 1950s que buscó variedades de trigo de mayor productividad a través de costosos programas de investigación. Esa revolución fue la responsable de la reducción drástica en el número de hambrunas en Asia (especialmente India) y América Latina (especialmente México), aunque no ha acabado con las hambrunas en África porque allí no pueden ser aplicadas debido al clima y a la calidad del suelo (dicen los expertos que necesitamos una nueva revolución verde para eliminar definitivamente la pobreza extrema de África y la Bill and Melinda Gates Foundation están dedicando grandes cantidades de recursos económicos a ello; Curiosamente, la primera revolución verde también fue financiada por filántropos norteamericanos: las fundaciones Rockefeller y Ford).
La tercera razón por la que la agricultura es uno de los grandes inventos de la historia es que conlleva el sedentarismo y el sedentarismo trae consigo la creación de aldeas primero y ciudades más tarde. Soy de la opinión que el desarrollo económico de la humanidad se ha hecho en las ciudades: desde las ciudades griegas hasta Hong Kong (la causante del desarrollo económico de China, aunque este es un tema que discutiré otro día) pasando por las ciudades de la Europa renacentista. Creo que el desarrollo económico y la creación de riqueza alcanzados por el hombre en el siglo XXI no se pueden entender sin las ciudades y las ciudades no podrían haberse creado sin la domesticación de animales y plantas.
Fuente: http://www.facebook.com/note.php?note_id=149487396344&ref=mf
sábado, 12 de septiembre de 2009
Las 10 Ideas Mas Grandes de la Historia (2): La Idea de Dios.
Segunda Idea: La Idea de Dios
La segunda gran idea de la humanidad es la idea de dios. Es una de las más importantes a la vista no sólo de la cantidad de gente que a lo largo de la historia ha vivido solamente para contentar a su dios, sino que ha matado por él (o por ellos). Quizá dios no sea la mejor idea que ha tenido el hombre, pero seguro que es una de las más importantes.
Poniéndome en la mente de los hombres primitivos, supongo que dios debió empezar como una superstición: “hoy he salido de la cueva, he girado a la izquierda y ha cazado un ciervo. Ayer giré a la derecha y no cacé nada. Mañana, ¡a la izquierda!” (nota: a los seguidores del muro, este tipo de comportamiento les resultará familiar y típico no solo del hombre primitivo sino el hombre actual –menos primitivo: de hecho, recordad que un servidor hizo con el color de sus americanas durante el glorioso mes de Mayo de 2009: el día 2 llevaba americana verde y ganamos en el Bernabéu 2 a 6. ¡Ojo! Me dije: “A lo mejor debería llevar la verde este próximo miércoles cuando juguemos en Londres”. Así lo hice y Iniesta marcó en el minuto 93. La leyenda de la americana verde siguió en Valencia y, finalmente, alcanzó sus poderes sobrenaturales en Roma, Bilbao y Mónaco. Antes de que penséis que mi conducta fue extraña, dejadme que os diga que a mí se me nota más que a los demás, pero hablando con todos los que me rodeaban, desde el Presidente Laporta, a Pep Guardiola, Txiki, Johan o el resto de la junta directiva, todos, absolutamente todos habían seguido algún tipo de rito supersticioso, no tan llamativo como la americana verde, pero no menos real: desde la misma corbata hasta la misma comida el día del partido pasando por la misma ropa interior, resulta que todos habían sido igualmente supersticiosos.)
Volviendo al tema, a partir de la superstición es fácil que aparezcan los dioses. Al fin y al cabo, la superstición es la creencia de que hay una fuerza que no acabas de entender que dicta que las cosas salgan de una manera u otra. A partir de aquí, surge casi inmediatamente la idea de dios. Los dioses explican por qué pasan las cosas y por qué las cosas son como son: explican el principio y el fin, la creación y la destrucción, el rayo y el trueno, el mar y la tierra, el fuego y el aire, las lunas y los planetas. Algunas civilizaciones encarnan a los dioses en animales (vacas, serpientes, toros). Algunas los mitifican en seres nunca vistos (Zeus, Júpiter o el dios judeocristiano).
De repente, algunas religiones monoteístas que salen de Zarathrusta empiezan a utilizar a los dioses como reguladores de lo ético, especialmente el judaísmo y sus dos descendientes importantes, el cristianismo y el islam. En ese momento, dios no sólo explica lo inexplicable sino gobierna sobre el bien y el mal y dicta nuestro comportamiento: no matarás, no robarás, no mentirás, no comerás cerdo… Dios impone una serie de reglas que permiten a las sociedades que las adoptan funcionar mejor que las que no las adoptan (es bueno que en una sociedad no haya robos, asesinatos, violaciones o, si hay triquinosis, no coma cerdo). La idea de dios es muy inteligente en este sentido porque, en un mundo donde no hay recursos para implementar la ley, concede premios al buen comportamiento (el cielo, la reencarnación en seres superiores) o impone castigos (el infierno o la reencarnación en seres inferiores), premios y castigos que nunca se pueden demostrar empíricamente: nadie ha visto el cielo o el infierno, nadie ha podido demostrar la reencarnación en vacas o en cerdos. La fe en la veracidad de esas promesas hizo que las personas se comportaran sin necesidad de un estado que imponga las leyes a través de la fuerza y el castigo terrenal.
La idea de dios como explicación de lo inexplicable ha sufrido una muerte lenta y paulatina que empezó con Thales de Mileto y los filósofos de la antigua Grecia. Aristóteles proclamó que todos los fenómenos naturales tenían una explicación y respondían a algún tipo de ley natural y no a la arbitrariedad de los dioses y sus titanes y que esa ley se podía descubrir a través de la observación, a través de la inducción. El cristianismo y la obsesión teológica sepultó esas ideas durante un milenio hasta que Santo Tomás redescubrió a Aristóteles a través del Islam y lo intentó casar con la teología cristiana. A partir de entonces, el cristianismo que hasta entonces había sido impermeable para con la ciencia empezó a permitir el pensamiento independiente. La revolución científica ha ido comiéndose el terreno de los dioses hasta dejarlo en casi nada. De hecho, hoy día las leyes de la naturaleza sabe cómo explicar desde el big bang hasta el ADN y desde la primera célula viva hasta el ser humano. Pero todavía hay tres cosas que no podemos explicar y para las que necesitamos a dios: La primera, ¿quien puso el punto inicial que explotó en el big bang? Es decir, ¿Cuál es el origen del universo? La segunda, ¿cómo pasar de ADN a vida? Es decir, ¿cuál es el origen de la vida… y por ende, qué pasa después de la muerte? Tercera, las leyes de la naturaleza lo explican todo, pero… ¿quién ha hecho esas leyes y por qué esas leyes son así? En este sentido, dos de los grandes científicos de todos los tiempos, Newton y Einstein eran profundamente religiosos y decían que lo que estaban haciendo no era substituir a Dios, sino descubrir las leyes que les permitían saber cómo pensaba dios.
La idea de dios como organizador de sociedades a través de la manipulación ética de sus individuos también ha perdido terreno, aunque en menor medida, ante el estado. Los estados han organizado maneras de perseguir comportamientos “indeseables” no a través de difusas amenazas infiernos o reencarnaciones, sino a través de castigos terrenales inmediatos: la cárcel o la pena de muerte. La gente que no cree en dios no roba, no porque se lo diga dios sino porque teme ser capturado por la policía y castigado por la autoridad legal.
Es interesante resaltar que la gente que cree en dios tiende a ser más feliz. No sé si es porque dios todavía explica lo que pasa después de la muerte y la gente que cree en la felicidad eterna afronta la muerte con menor temor. No lo sé. Lo que sí sé es que ese aspecto positivo debe estar en la balanza que nos dice si dios ha sido un buen invento o un mal invento. En el otro plato de la balanza está, lógicamente, el odio, las persecuciones, sacrificios y los crímenes que se han cometido en nombre de algún dios.
Fuente: http://www.facebook.com/note.php?note_id=148836861344&ref=nf
La segunda gran idea de la humanidad es la idea de dios. Es una de las más importantes a la vista no sólo de la cantidad de gente que a lo largo de la historia ha vivido solamente para contentar a su dios, sino que ha matado por él (o por ellos). Quizá dios no sea la mejor idea que ha tenido el hombre, pero seguro que es una de las más importantes.
Poniéndome en la mente de los hombres primitivos, supongo que dios debió empezar como una superstición: “hoy he salido de la cueva, he girado a la izquierda y ha cazado un ciervo. Ayer giré a la derecha y no cacé nada. Mañana, ¡a la izquierda!” (nota: a los seguidores del muro, este tipo de comportamiento les resultará familiar y típico no solo del hombre primitivo sino el hombre actual –menos primitivo: de hecho, recordad que un servidor hizo con el color de sus americanas durante el glorioso mes de Mayo de 2009: el día 2 llevaba americana verde y ganamos en el Bernabéu 2 a 6. ¡Ojo! Me dije: “A lo mejor debería llevar la verde este próximo miércoles cuando juguemos en Londres”. Así lo hice y Iniesta marcó en el minuto 93. La leyenda de la americana verde siguió en Valencia y, finalmente, alcanzó sus poderes sobrenaturales en Roma, Bilbao y Mónaco. Antes de que penséis que mi conducta fue extraña, dejadme que os diga que a mí se me nota más que a los demás, pero hablando con todos los que me rodeaban, desde el Presidente Laporta, a Pep Guardiola, Txiki, Johan o el resto de la junta directiva, todos, absolutamente todos habían seguido algún tipo de rito supersticioso, no tan llamativo como la americana verde, pero no menos real: desde la misma corbata hasta la misma comida el día del partido pasando por la misma ropa interior, resulta que todos habían sido igualmente supersticiosos.)
Volviendo al tema, a partir de la superstición es fácil que aparezcan los dioses. Al fin y al cabo, la superstición es la creencia de que hay una fuerza que no acabas de entender que dicta que las cosas salgan de una manera u otra. A partir de aquí, surge casi inmediatamente la idea de dios. Los dioses explican por qué pasan las cosas y por qué las cosas son como son: explican el principio y el fin, la creación y la destrucción, el rayo y el trueno, el mar y la tierra, el fuego y el aire, las lunas y los planetas. Algunas civilizaciones encarnan a los dioses en animales (vacas, serpientes, toros). Algunas los mitifican en seres nunca vistos (Zeus, Júpiter o el dios judeocristiano).
De repente, algunas religiones monoteístas que salen de Zarathrusta empiezan a utilizar a los dioses como reguladores de lo ético, especialmente el judaísmo y sus dos descendientes importantes, el cristianismo y el islam. En ese momento, dios no sólo explica lo inexplicable sino gobierna sobre el bien y el mal y dicta nuestro comportamiento: no matarás, no robarás, no mentirás, no comerás cerdo… Dios impone una serie de reglas que permiten a las sociedades que las adoptan funcionar mejor que las que no las adoptan (es bueno que en una sociedad no haya robos, asesinatos, violaciones o, si hay triquinosis, no coma cerdo). La idea de dios es muy inteligente en este sentido porque, en un mundo donde no hay recursos para implementar la ley, concede premios al buen comportamiento (el cielo, la reencarnación en seres superiores) o impone castigos (el infierno o la reencarnación en seres inferiores), premios y castigos que nunca se pueden demostrar empíricamente: nadie ha visto el cielo o el infierno, nadie ha podido demostrar la reencarnación en vacas o en cerdos. La fe en la veracidad de esas promesas hizo que las personas se comportaran sin necesidad de un estado que imponga las leyes a través de la fuerza y el castigo terrenal.
La idea de dios como explicación de lo inexplicable ha sufrido una muerte lenta y paulatina que empezó con Thales de Mileto y los filósofos de la antigua Grecia. Aristóteles proclamó que todos los fenómenos naturales tenían una explicación y respondían a algún tipo de ley natural y no a la arbitrariedad de los dioses y sus titanes y que esa ley se podía descubrir a través de la observación, a través de la inducción. El cristianismo y la obsesión teológica sepultó esas ideas durante un milenio hasta que Santo Tomás redescubrió a Aristóteles a través del Islam y lo intentó casar con la teología cristiana. A partir de entonces, el cristianismo que hasta entonces había sido impermeable para con la ciencia empezó a permitir el pensamiento independiente. La revolución científica ha ido comiéndose el terreno de los dioses hasta dejarlo en casi nada. De hecho, hoy día las leyes de la naturaleza sabe cómo explicar desde el big bang hasta el ADN y desde la primera célula viva hasta el ser humano. Pero todavía hay tres cosas que no podemos explicar y para las que necesitamos a dios: La primera, ¿quien puso el punto inicial que explotó en el big bang? Es decir, ¿Cuál es el origen del universo? La segunda, ¿cómo pasar de ADN a vida? Es decir, ¿cuál es el origen de la vida… y por ende, qué pasa después de la muerte? Tercera, las leyes de la naturaleza lo explican todo, pero… ¿quién ha hecho esas leyes y por qué esas leyes son así? En este sentido, dos de los grandes científicos de todos los tiempos, Newton y Einstein eran profundamente religiosos y decían que lo que estaban haciendo no era substituir a Dios, sino descubrir las leyes que les permitían saber cómo pensaba dios.
La idea de dios como organizador de sociedades a través de la manipulación ética de sus individuos también ha perdido terreno, aunque en menor medida, ante el estado. Los estados han organizado maneras de perseguir comportamientos “indeseables” no a través de difusas amenazas infiernos o reencarnaciones, sino a través de castigos terrenales inmediatos: la cárcel o la pena de muerte. La gente que no cree en dios no roba, no porque se lo diga dios sino porque teme ser capturado por la policía y castigado por la autoridad legal.
Es interesante resaltar que la gente que cree en dios tiende a ser más feliz. No sé si es porque dios todavía explica lo que pasa después de la muerte y la gente que cree en la felicidad eterna afronta la muerte con menor temor. No lo sé. Lo que sí sé es que ese aspecto positivo debe estar en la balanza que nos dice si dios ha sido un buen invento o un mal invento. En el otro plato de la balanza está, lógicamente, el odio, las persecuciones, sacrificios y los crímenes que se han cometido en nombre de algún dios.
Fuente: http://www.facebook.com/note.php?note_id=148836861344&ref=nf
jueves, 10 de septiembre de 2009
Las 10 mejores ideas de la historia (1): Ponerse de pie, de Xavier Sala Martin
Durante los próximos días voy a publicar 10 notas sobre lo que creo que han sido las 10 grandes ideas de la historia. Al hacer la lista he tenido en cuenta tres cosas. Primera, las ideas que propongo no son necesariamente “ideas” en sentido estricto. Por ejemplo, la primera “idea” fue la de hacerse hombre poniéndose de pie. No es una idea en sentido estricto sino que fue mas un instinto de supervivencia, pero lo pongo como una “idea” porque a veces uno descubre las cosas que funcionan por instinto o por casualidad. Segundo, a veces hablaré de “conjuntos de ideas” que no necesariamente son un fenómeno que puede ser identificado en el tiempo y en el espacio. Por ejemplo, hablaré del desarrollo del lenguaje que es la suma de multitud de ideas que tienen en común un fenómeno importante: la comunicación. Tercero, cuando digo “grandes” ideas no necesario quiero decir ideas “buenas” sino ideas que han marcada a la especie humana a través de los siglos o que la puede marcar de cara al futuro. En este sentido, voy a mencionar la religión. No está claro si la religión es una buena idea (seguramente la religión es la causa de más muertes a través de la historia que el cáncer y las enfermedades coronarias sumadas). Lo que sí está claro que el ser humano y su historia no se pueden entender sin religión.
Primera Idea: Levantarse y ponerse en pie
La primera idea (aunque quizá no sea idea sino instinto) fue la de ponerse de pie. Ponerse de pie es lo que distingue a los hombres de los simios y es lo que permite liberar las manos para hacer los primeros utensilios (que, según algunos antropólogos) es lo que distingue al hombre del resto de los animales.
Seguramente el hombre se puso de pie por instinto: igual que el gorila cuando quiere ahuyentar a los enemigos se levanta para demostrar su envergadura, seguramente el hombre se empezó a poner de pie cuando era un animal carroñero y le robaba la caza a leones y otros cazadores. Todavía hoy, si uno viaja al Serengueti en Tanzania (que es de donde es nuestra amada Lucy, el primer “humano” identificado por los paleontólogos), uno ve que numerosos cuerpos de cebras, ñus y búfales en descomposición: una vez alimentados los cazadores (leones, leopardos, guepardos), los carroñeros (hienas, buitres) comen y todavía queda comida. Eso quiere decir que en la sabana, ser carroñero es un buen negocio y el hombre debió empezar así, después de que un cambio climático le expulsara de los bosques donde para sobrevivir estaba obligado a utilizar las cuatro extremidades para desplazarse… como los monos.
Una vez de pie, el hombre utiliza sus manos para hacer herramientas y empieza una evolución física hacia el hombre actual que le ha permitido dominar el mundo entero: las cuerdas vocales bajan cosa que permite el lenguaje, la piel se transforma y suda, cosa que permite refrigerar el cuerpo ante un esfuerzo continuado como correr durante mucho rato para cazar (cosa que no pueden hacer los animales que se refrigeran a través de la lengua como los perros), la pelvis de la mujer se separa cosa que permite el nacimiento de seres con cabezas y cerebros enormes. Todo esto ha permitido que el hombre tenga el resto de las ideas que dan el nivel de conocimiento y bienestar que tenemos ahora.
Por lo tanto, la primera gran idea fue: ponerse de pie.
Fuente: http://www.facebook.com/note.php?note_id=148156256344&ref=nf
Primera Idea: Levantarse y ponerse en pie
La primera idea (aunque quizá no sea idea sino instinto) fue la de ponerse de pie. Ponerse de pie es lo que distingue a los hombres de los simios y es lo que permite liberar las manos para hacer los primeros utensilios (que, según algunos antropólogos) es lo que distingue al hombre del resto de los animales.
Seguramente el hombre se puso de pie por instinto: igual que el gorila cuando quiere ahuyentar a los enemigos se levanta para demostrar su envergadura, seguramente el hombre se empezó a poner de pie cuando era un animal carroñero y le robaba la caza a leones y otros cazadores. Todavía hoy, si uno viaja al Serengueti en Tanzania (que es de donde es nuestra amada Lucy, el primer “humano” identificado por los paleontólogos), uno ve que numerosos cuerpos de cebras, ñus y búfales en descomposición: una vez alimentados los cazadores (leones, leopardos, guepardos), los carroñeros (hienas, buitres) comen y todavía queda comida. Eso quiere decir que en la sabana, ser carroñero es un buen negocio y el hombre debió empezar así, después de que un cambio climático le expulsara de los bosques donde para sobrevivir estaba obligado a utilizar las cuatro extremidades para desplazarse… como los monos.
Una vez de pie, el hombre utiliza sus manos para hacer herramientas y empieza una evolución física hacia el hombre actual que le ha permitido dominar el mundo entero: las cuerdas vocales bajan cosa que permite el lenguaje, la piel se transforma y suda, cosa que permite refrigerar el cuerpo ante un esfuerzo continuado como correr durante mucho rato para cazar (cosa que no pueden hacer los animales que se refrigeran a través de la lengua como los perros), la pelvis de la mujer se separa cosa que permite el nacimiento de seres con cabezas y cerebros enormes. Todo esto ha permitido que el hombre tenga el resto de las ideas que dan el nivel de conocimiento y bienestar que tenemos ahora.
Por lo tanto, la primera gran idea fue: ponerse de pie.
Fuente: http://www.facebook.com/note.php?note_id=148156256344&ref=nf
lunes, 17 de agosto de 2009
Crisis (14): Lo que no se ve
Bayona, 1839. Un gamberro lanza una piedra contra una panadería y rompe una ventana. El panadero sale enfurecido y se echa a llorar porque va a tener que pagar un nuevo cristal. Los viandantes se reúnen a su alrededor y, al principio, se solidarizan con su desgracia. De repente, uno de ellos explica que el infortunio no es tal ya que el dinero que el panadero va a gastar representará un ingreso para los cristaleros (quienes, al fin y al cabo, viven de los cristales rotos). Estos van a gastar ese dinero en la carnicería en beneficio de los carniceros, que a su vez vana gastarlo en el teatro en beneficio de los actores, y así sucesivamente hasta suponer un enorme efecto positivo sobre la economía agregada, a través de lo que los economistas keynesianos llaman el efecto multiplicador. Tras concluir que la gamberrada era buena para la sociedad, los viandantes abandonaron al panadero a su suerte.
Esta historia, conocida como la paradoja de los cristales rotos, fue contada por primera vez por el economista francés Frédéric Bastiat en 1839 en un fantástico libro llamado Ce qu´on voit et ce qu´on ne voit pas (Lo que se ve y lo que no se ve). La tesis principal del libro es que muchos analistas cometen errores garrafales porque se fijan sólo en "lo que se ve" e ignoran "lo que no se ve". En el ejemplo del cristal roto, "lo que se ve" es que el panadero va a tener que gastar dinero para reparar la ventana y eso va a afectar positivamente a quien recibe el pago, el cristalero. "Lo que no se ve" es que el dinero que el panadero gastará en cristales iba a ser destinado a comprar otras cosas, como por ejemplo, un traje. Al no poder comprarlo, el sastre no ingresa nada, el carnicero del sastre tampoco y los teatros a los que iba a acudir el carnicero del sastre tampoco. Es decir, que el efecto multiplicador resultante de reparar el cristal solamente sustituye a un efecto idéntico que hubiera generado el gasto en cosas alternativas. Al no haber efectos netos positivos, lo único que queda es un cristal roto. Y eso es malo.
Les explico todo esto porque los gobiernos del mundo entero intentan reactivar la economía a través de programas Renove que subsidian la compra de coches nuevos a cambio de la destrucción de coches viejos. Según esos planes, el gobierno se constituye en un gran gamberro (lo digo por analogía con el chaval que lanzó la piedra contra la panadería) y destruye toda una flota de coches que todavía funcionan con el argumento de que, al tener que repararlos, se va a fomentar la actividad económica: como en la paradoja de los cristales rotos, los fabricantes y distribuidores de automóviles tendrán ingresos adicionales, los gastarán y eso tendrá efectos positivos sobre la sociedad. También saldrán beneficiados los propietarios de coches viejos que reciban un subsidio superior al valor que su cacharro tenía en el mercado. Todo eso es "lo que se ve". Ahora bien, "lo que no se ve" (y no se contabiliza) son las pérdidas de mecánicos y reparadores de coches, las de los vendedores de segunda mano a los que el Estado ha robado el negocio y las de los contribuyentes.
Además, está el malgasto en burócratas administradores del programa y sobre todo, lo que no se ve es el dinero que no ingresan las industrias que no van a recibir el subsidio y las que no van a obtener el dinero que los consumidores hubieran gastado si no hubieran tenido que pagar tantos impuestos. Es decir, si el Estado realmente cree que destruir automóviles viejos para fabricar los nuevos es bueno para la economía, ¿no debería también destruir neveras, televisiones de plasma y videojuegos? ¿Y por qué parar ahí? ¿Por qué no derribar edificios, carreteras y puentes? ¿Por qué no demoler ciudades enteras por el bien de la sociedad? ¿Verdad que no tendría sentido? Pues tampoco lo tienen los planes Renove.Porque destruir maquinaria y dedicar dinero a reemplazarla no genera suficientes beneficios para compensar la destrucción. La pregunta es: ¿por qué el Estado tiene tanto interés en ayudar a la industria del automóvil con cargo a los trabajadores-contribuyentes de todos los otros sectores?
La respuesta que se nos da últimamente es (¿cómo no?): ¡hay que combatir el cambio climático! De hecho, el nuevo plan se llama VIVE! de Vehículo Innovador, Vehículo Ecológico. A pesar de que el cambio climático se ha convertido en el comodín justificador de las políticas más ridículas e injustificables de planeta, citarlo no es suficiente: esas políticas también deben ser sometidas a la lógica económica. Nos dicen que los coches nuevos van a contaminar menos que los antiguos porque tienen una tecnología mucho más verde y sostenible. Eso es "lo que se ve". Ahora bien, "lo que no se ve" (y lo que los ecologistas no contabilizan) es que para construir cada coche nuevo se necesita contaminar. ¿O no se emite CO y 2 no se contamina cuando se produce el acero de la carrocería y el motor, la goma de los neumáticos, los plásticos de los interiores o la pintura exterior? La pregunta es: ¿la reducción de emisiones que van a tener los nuevos y eficientes coches será superior al incremento de polución que supondrá su fabricación? Según un artículo publicado en The New York Times por Michael Gerrard, director del Centro para del Cambio Climático de la Columbia University, la respuesta es no. También en la sostenibilidad, pues, las autoridades parecen ignorar la paradoja de los cristales rotos, esa vieja lección que ya se explicaba en 1839, sobre lo que se ve y lo que no se ve.
Xavier Sala-i-Martin, La Vanguardia (edición impresa), 17-08-09
Esta historia, conocida como la paradoja de los cristales rotos, fue contada por primera vez por el economista francés Frédéric Bastiat en 1839 en un fantástico libro llamado Ce qu´on voit et ce qu´on ne voit pas (Lo que se ve y lo que no se ve). La tesis principal del libro es que muchos analistas cometen errores garrafales porque se fijan sólo en "lo que se ve" e ignoran "lo que no se ve". En el ejemplo del cristal roto, "lo que se ve" es que el panadero va a tener que gastar dinero para reparar la ventana y eso va a afectar positivamente a quien recibe el pago, el cristalero. "Lo que no se ve" es que el dinero que el panadero gastará en cristales iba a ser destinado a comprar otras cosas, como por ejemplo, un traje. Al no poder comprarlo, el sastre no ingresa nada, el carnicero del sastre tampoco y los teatros a los que iba a acudir el carnicero del sastre tampoco. Es decir, que el efecto multiplicador resultante de reparar el cristal solamente sustituye a un efecto idéntico que hubiera generado el gasto en cosas alternativas. Al no haber efectos netos positivos, lo único que queda es un cristal roto. Y eso es malo.
Les explico todo esto porque los gobiernos del mundo entero intentan reactivar la economía a través de programas Renove que subsidian la compra de coches nuevos a cambio de la destrucción de coches viejos. Según esos planes, el gobierno se constituye en un gran gamberro (lo digo por analogía con el chaval que lanzó la piedra contra la panadería) y destruye toda una flota de coches que todavía funcionan con el argumento de que, al tener que repararlos, se va a fomentar la actividad económica: como en la paradoja de los cristales rotos, los fabricantes y distribuidores de automóviles tendrán ingresos adicionales, los gastarán y eso tendrá efectos positivos sobre la sociedad. También saldrán beneficiados los propietarios de coches viejos que reciban un subsidio superior al valor que su cacharro tenía en el mercado. Todo eso es "lo que se ve". Ahora bien, "lo que no se ve" (y no se contabiliza) son las pérdidas de mecánicos y reparadores de coches, las de los vendedores de segunda mano a los que el Estado ha robado el negocio y las de los contribuyentes.
Además, está el malgasto en burócratas administradores del programa y sobre todo, lo que no se ve es el dinero que no ingresan las industrias que no van a recibir el subsidio y las que no van a obtener el dinero que los consumidores hubieran gastado si no hubieran tenido que pagar tantos impuestos. Es decir, si el Estado realmente cree que destruir automóviles viejos para fabricar los nuevos es bueno para la economía, ¿no debería también destruir neveras, televisiones de plasma y videojuegos? ¿Y por qué parar ahí? ¿Por qué no derribar edificios, carreteras y puentes? ¿Por qué no demoler ciudades enteras por el bien de la sociedad? ¿Verdad que no tendría sentido? Pues tampoco lo tienen los planes Renove.Porque destruir maquinaria y dedicar dinero a reemplazarla no genera suficientes beneficios para compensar la destrucción. La pregunta es: ¿por qué el Estado tiene tanto interés en ayudar a la industria del automóvil con cargo a los trabajadores-contribuyentes de todos los otros sectores?
La respuesta que se nos da últimamente es (¿cómo no?): ¡hay que combatir el cambio climático! De hecho, el nuevo plan se llama VIVE! de Vehículo Innovador, Vehículo Ecológico. A pesar de que el cambio climático se ha convertido en el comodín justificador de las políticas más ridículas e injustificables de planeta, citarlo no es suficiente: esas políticas también deben ser sometidas a la lógica económica. Nos dicen que los coches nuevos van a contaminar menos que los antiguos porque tienen una tecnología mucho más verde y sostenible. Eso es "lo que se ve". Ahora bien, "lo que no se ve" (y lo que los ecologistas no contabilizan) es que para construir cada coche nuevo se necesita contaminar. ¿O no se emite CO y 2 no se contamina cuando se produce el acero de la carrocería y el motor, la goma de los neumáticos, los plásticos de los interiores o la pintura exterior? La pregunta es: ¿la reducción de emisiones que van a tener los nuevos y eficientes coches será superior al incremento de polución que supondrá su fabricación? Según un artículo publicado en The New York Times por Michael Gerrard, director del Centro para del Cambio Climático de la Columbia University, la respuesta es no. También en la sostenibilidad, pues, las autoridades parecen ignorar la paradoja de los cristales rotos, esa vieja lección que ya se explicaba en 1839, sobre lo que se ve y lo que no se ve.
Xavier Sala-i-Martin, La Vanguardia (edición impresa), 17-08-09
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